Jerónimo Muñoz, Tycho Brahe y el Universo

Este pequeño artículo trata de supernovas, y concretamente de la supernova SN 1572, observada el 11 de noviembre de aquel año por el célebre astrónomo danés Tycho Brahe. Las supernovas son un fenómeno que en extrañas ocasiones puede ser observado a simple vista, pero hasta en ocho ocasiones a lo largo de la historia se han registrado observaciones a simple vista, la primera se cree que fue la más brillante de las que se tiene registro, en el año 1006, SN 1006.

Volviendo al siglo XVI, Jerónimo Muñoz, nacido en Valencia, observó desde la ciudad del Turia el mismo suceso, lo que le valió el encargo de Felipe II de registrar sus observaciones en un libro que llamó Libro del Nuevo Cometa. Este libro se sigue usando hoy día por los científicos para estudiar SN 1572. ¿Por qué es tan importante esta supernova? Bueno, antes se creía que el universo era inmutable, que es la concepción aristotélica. Sin embargo, allí había aparecido de repente un nuevo cometa; si el cometa se desplazase podría pensarse que tendría un recorrido cíclico, y que aunque tuvieran que pasar muchos años, algún día se le volvería a ver por la Tierra. Pero el cometa seguía ahí, y allí se mantuvo durante 16 meses. Hoy sabemos que se trata de una supernova. Resulta difícil imaginar la magnitud del cataclismo que podría hacer visible la luz tanto tiempo. El telescopio de Galileo, ya en el XVII, abrió de par en par las ventanas al universo y demostró que no es tan inmutable como se creía.

Hoy en día siguen estudiándose las supernovas, tanto es así que la Unión Astronómica Internacional puso en marcha un proyecto para que aficionados las reporten. Son los cazadores de supernovas. Hay dos cosas fundamentales que medir en las supernovas, el decaimiento de la luz con el tiempo (curva de luz) y el espectro luminoso, lo que permite establecer una clasificación. Pero no sólo de la observación directa pueden obtenerse datos acerca de estos sucesos, el material que precipitan al espacio queda encerrado en una enorme cápsula resultado de esa gigantesca explosión, es una estructura nebulosa delimitada por ondas de choque, detectable en frecuencias de radio y rayos X, aunque también a veces a frecuencias de luz visible. Esto es el remanente de una supernova.

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Aquí está el remanente de la supernova de Tycho Brahe y Jerónimo Muñoz.

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Nuestro lugar en el cielo inmenso

Recientemente la Universidad de Hawaii ha publicado un nuevo video que nos muestra el lugar de una recóndita Vía Láctea en un cluster supermasivo de 100.000 galaxias y 500 millones de años luz, Laniakea.

Pero antes de llegar a Laniakea, hay que recordar que todas las estrellas que nuestro ojo desnudo ve en el firmamento están en nuestra galaxia. Una galaxia en espiral de unos 100.000 años luz de diámetro. El Sol y los planetas que le orbitan están en un brazo de la galaxia llamado brazo de Orion o brazo local, que se encuentra a 26.000 años luz del centro; estamos en el extraradio de la Vía Láctea, entre los brazos de Perseo y Sagitario. Estos brazos giran a la velocidad vertiginosa de un millón de kilómetros por hora. Hacia el centro de la galaxia encontramos más y más estrellas. En el pársec central hay miles de ellas y concentran la mayor parte de la masa de la galaxia, lo que hace pensar a los científicos que allí hay un agujero negro supermasivo (o dos discos en forma de cacahuete). Esto no está claro porque es una zona de cúmulos abiertos y alta densidad de polvo interestelar. Es como si los árboles impidiesen ver el bosque, por eso no vale el espectro visible y para estudiarlo hacen falta radioastrónomos, que “miran” en el infrarrojo y frecuencias de rayos X y gamma.

Saliendo de la Vía Láctea hay otras galaxias, claro. Tenemos un grupo de 30 galaxias cercanas, que forman el Grupo Local, del que las tres mayores son Andrómeda, la Vía Láctea y el Triángulo. El capricho de las interacciones gravitatorias ha hecho que algunas galaxias sean satélites de otras, pero el sistema gira globalmente entorno al centro de masas, que se encontraría entre Andrómeda y la Vía Láctea. Estas dos protagonizan la interacción más importante del Grupo, pues se acercan y probablemente se fusionarán en una después de 3000 a 5000 millones de años. Otras galaxias célebres son la Gran Nube de Magallanes y la Pequeña Nube de Magallanes, ambas visibles desde el hemisferio austral (cerca una de la otra), que no fueron descubiertas por las civilizaciones clásicas y recibieron el nombre del hombre que inició la primera expedición europea de vuelta al globo.

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El bueno de Sancho en las Pléyades

El cúmulo abierto M45, también conocido como las Pléyades, es un grupo de estrellas muy jóvenes cuya edad se estima en 100 millones de años. Se sitúa cerca de la constelación de Tauro, a unos 400 años luz de la Tierra. Y el ingenioso hidalgo y su escudero se encargaron de visitarlo en una de sus aventuras, a lomos del caballo volador Clavileño…

Es buen momento para hablar de las Pléyades, pues son visibles a simple desde dos meses antes hasta dos meses después del 20 de noviembre. El 20 de noviembre se situán casi alineadas con el sistema Sol-Tierra-Pléyades. Las pléyades aparecen ese día concretamente en el cenit de la latitud 24º06’N.

Pero hoy hemos venido a hablar de lo que aconteció al famoso hidalgo Don Quijote y el fiel Sancho. Y resulta que sus desventuras les llevaron al palacio de los Trifaldi, donde el mago Merlín había enviado al caballo alado Clavileño, un caballo alado que permitía a sus jinetes volar con los ojos vendados… ¿Hasta dónde? Sencillamente por los aires hasta luchar con el gigante Malambruno, que además de gigante es encantador y ha encantado a las doncellas para que les crezca la barba indefinidamente, lo que es consecuencia de otra de las desventuras del caballero de la triste figura.

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Mientras los aristócratas se esfuerzan en adornar la escena, el gran Sancho cuerdo donde los haya dice:

Yo no subo, porque no tengo ánimo ni soy caballero

Entre alagos y bajo amenaza de perder la ínsula movible que Don Quijote le había prometido, Sancho, sin cojín alguno y con los ojos vendados se sube intrépido con su caballero a Clavileño, que sólo accionando una maneta vuela por los aires. Los duques, con lágrimas en los ojos, aguantando la risa narran su viaje a nuestros aventureros, con el loco más famoso de la historia emocionado por su aventura. El relato no tiene desperdicio, con un Quijote dicendo a Sancho:

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De Maxwell a Einstein… y 100 años de belleza (parte II)

Hoy les hablo no como ciudadano estadounidense, ni tampoco como judío, sino como ser humano

Así empezaba la carta que debía leer Albert Einstein en el séptimo aniversario de la creación del Estado de Israel. No llegó a pronunciar aquel discurso. Sus 76 años fueron suficientes para maravillar al mundo. Pacifista convencido, llegó a afirmar antes de la creación de Israel que:

La idea de un Estado (judío) no coincide con lo que siento, no puedo entender para qué es necesario. Está vinculada a un montón de dificultades y es propia de mentes cerradas. Creo que es mala.

Nosotros, esto es, judíos y árabes, debemos unirnos y llegar a una comprensión recíproca en cuanto a las necesidades de los dos pueblos, en lo que atañe a las directivas satisfactorias para una convivencia provechosa.

Y en lo que se refiere a la religión, se declaró agnóstico:

Mi religión consiste en una humilde admiración del espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente.

Este post rememora los cien años de relatividad, de relatividad general. Einstein presentó su teoría de la relatividad general en noviembre de 1915 en la Academia Prusiana. En aquellas conferencias reveló una nueva forma de entender, sobre todo, la gravedad.

Cuando la comunidad científica no había digerido aún aquella reciente relatividad especial (1905), que decía que las leyes físicas debían permanecer invariantes entre observadores que se mueven a velocidad constante entre ellos, sólo 10 años después allí estaban las ecuaciones que hacían que las leyes físicas siguieran manteniéndose entre observadores que se mueven con aceleración uno respecto del otro. Según la relatividad especial, para que la velocidad de la luz fuese constante para cualquier observador (lo que cuadraba con la experiencia) el espacio-tiempo debía estar curvado, lo que sería el espacio tetradimensional que representaba perfectamente la transformación de Lorentz. Pero la relatividad general (1915) explicó que la cuvatura era consecuencia de la fuerza de la gravedad, o al revés que en este caso es lo mismo, que el campo gravitatorio genera una mayor o menor curvatura de ese espacio tetradimensional. Puede parecer muy farragoso pero en esencia la idea era sencilla (principio de equivalencia), el desarrollo matemático es cosa bien distinta. La fuerza gravitatoria ya se entendía muy bien; su relación con la materia (masa) a través de la constante de gravitación universal de Newton estaba clara, sólo había que encajar esa pieza del puzzle en el nuevo espacio-tiempo, y esto fue encontrar el tensor métrico a través del cual se puede expresar la gravedad en función de las propiedades del espacio-tiempo (curvatura).

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Empecemos por la relatividad especial en las ecuaciones de Maxwell.

Si retomamos la Ley de la inducción eléctrica de Faraday-Lenz, decíamos que si despreciamos la inducción (B), tenemos que rot(E)=0, lo que implica que existe una función potencial eléctrico (V) tal que E=-grad(V). Bien, pues no despreciemos la inducción (B), vamos a forzar la existencia de un potencial:

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Perseidas, cometas y dinosaurios

Como cada verano, nos visitan las lágrimas de San Lorenzo, la lluvia de estrellas del cometa 109P/Swift-Tuttle. Son visibles en los meses de Julio y Agosto, pero alcanzarán su máximo la semana próxima entre el 12 y el 13 de Agosto, cuando mirando hacia su radiante, la constelación de Perseo, podremos ver hasta 100 estrellas fugaces cruzando el firmamento cada hora. Este año se añade que disponemos de condiciones óptimas para observarlas, luna nueva y por tanto oscuridad en el cielo.

Las perseidas son probablemente la lluvia más importante del año. También al producirse en verano resulta más agradable salir a disfrutar de ellas, lo que las hace una de las más famosas del hemisferio norte. Como ya las conocemos todos, veamos un poco la historia del 109P/Swift-Tuttle.

Fuente: http://abcnews.go.com/blogs/technology/2013/02/asteroids-rock-except-when-they-hit-you/
Fuente: http://abcnews.go.com/blogs/technology/2013/02/asteroids-rock-except-when-they-hit-you/

109P/Swift-Tuttle

Corría el mes de Julio del año 1862 cuando dos astrónomos diferentes, Lewis Swift y Horace Parnel Tuttle, descubrían de manera independiente una gran roca estelada visible desde la Tierra. Son los que dieron nombre a Swift-Tuttle. Según las observaciones de la época, el cometa debería volver a aparecer por el Sistema Solar 120 años después; sin embargo, en los años 70 (1973) un tal Brian Marsden decía que el cometa Swift-Tuttle podría ser el mismo que fue avistado por un misionario jesuita en 1737 en Beijing (China). Si efectivamente era el mismo cometa, el paso de Swift-Tuttle de 1862 tuvo lugar 125 años despúes, y no 120 años como se había calculado. Desconocemos los cálculos de Marsden, pero lo cierto es que predijo que Swift-Tuttle no volvería por aquí hasta 130 años después de 1862, es decir, en 1992. Los argumentos para este retraso eran que cada vez que el cometa se acerca al Sol pierde mucha masa, lo que le hace más ligero, y cuando sale despedido de aquí a su vertiginosa velocidad, se marcha más lejos que la vuelta anterior, lo que hace que tarde más en volver.

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