El bueno de Sancho en las Pléyades

El cúmulo abierto M45, también conocido como las Pléyades, es un grupo de estrellas muy jóvenes cuya edad se estima en 100 millones de años. Se sitúa cerca de la constelación de Tauro, a unos 400 años luz de la Tierra. Y el ingenioso hidalgo y su escudero se encargaron de visitarlo en una de sus aventuras, a lomos del caballo volador Clavileño…

Es buen momento para hablar de las Pléyades, pues son visibles a simple desde dos meses antes hasta dos meses después del 20 de noviembre. El 20 de noviembre se situán casi alineadas con el sistema Sol-Tierra-Pléyades. Las pléyades aparecen ese día concretamente en el cenit de la latitud 24º06’N.

Pero hoy hemos venido a hablar de lo que aconteció al famoso hidalgo Don Quijote y el fiel Sancho. Y resulta que sus desventuras les llevaron al palacio de los Trifaldi, donde el mago Merlín había enviado al caballo alado Clavileño, un caballo alado que permitía a sus jinetes volar con los ojos vendados… ¿Hasta dónde? Sencillamente por los aires hasta luchar con el gigante Malambruno, que además de gigante es encantador y ha encantado a las doncellas para que les crezca la barba indefinidamente, lo que es consecuencia de otra de las desventuras del caballero de la triste figura.

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Mientras los aristócratas se esfuerzan en adornar la escena, el gran Sancho cuerdo donde los haya dice:

Yo no subo, porque no tengo ánimo ni soy caballero

Entre alagos y bajo amenaza de perder la ínsula movible que Don Quijote le había prometido, Sancho, sin cojín alguno y con los ojos vendados se sube intrépido con su caballero a Clavileño, que sólo accionando una maneta vuela por los aires. Los duques, con lágrimas en los ojos, aguantando la risa narran su viaje a nuestros aventureros, con el loco más famoso de la historia emocionado por su aventura. El relato no tiene desperdicio, con un Quijote dicendo a Sancho:

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Otoño en la Puerta de Alcalá

Hoy entra oficialmente el otoño 2015. Con el puntual equinoccio, el sol desciende a latitudes más meridionales, ofreciendo a los sureños los primeros brotes de la primavera. Como sabéis, los rayos solares inciden perpendicularmente sobre el ecuador terrestre. El plano de la órbita de la tierra intersecta con el plano del ecuador precisamente en la línea imaginaria que une al sol y la Tierra, haciendo que el día dure exactamente igual que la noche, que amanezca exactamente por el Este geográfico.

Buen día para ajustar la brújula entonces, pero otros accidentes geográficos y construcciones ya nos ayudan a tener claro dónde se encuentra el Este. En la antigüedad ya rendían culto a este momento:

https://principiatechnologica.com/wp-content/uploads/2015/04/21/kukulcan-y-el-equinoccio-de-los-mayas/

Pero también tenemos otras referencias, como la Puerta del Sol de Puente Tablas (Jaén), orientada al Este, el día del equinoccio de otoño la luz del sol pasa justamente por el centro del corredor de la Puerta. Fue construida en el siglo VII antes de Cristo, y se cree que es un santuario de una antigua ciudad íbera en honor a una deidad femenina de fecundidad. El dios masculino, el sol, atraviesa la deidad femenina, la Puerta.

También en la edad moderna tenemos construcciones que, curiosamente, nos recuerdan al equinoccio. En Valdealgorfa (Teruel) hay un túnel de 2 kilómetros de largo que, días antes del equinoccio, es atravesado por los rayos solares del amanecer. Parece que se estuviera acercando un tren.

Por eso, si estás estos días en Madrid, una de las mejores formas de celebrar el equinoccio de otoño es saborear la noche madrileña (que algo habrá abierto), y ver el alba a través de la Puerta de Alcalá, orientada aproximadamente al Este. Por cierto, podría haberse llamado Puerta del Sol…

Puerta de Alcalá y Sol

Y en clave de ficción, en honor al equinoccio:

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La maldición de Kukulcán

El estadio rugía con fuerza al comienzo del partido.

El juego había logrado congregar a una buena cantidad de personas. Sus miradas seguían al unísono una pelota que parecía tener vida. Oxwitik ya tenía campo de juego. Corría el año 738 de nuestra era y el reinado décimo tercero de la civilización maya de Copán. Ub’aah K’awiil (Rey Conejo) había dedicado la construcción al Gran Guacamayo, que se inauguraba hoy con los dos mejores equipos de pelota de la ciudad. Había churumbeles que venían por primera vez a un partido. Los populares deportistas, animados por el griterío, golpeaban con sus mazos aquella mezcla de caucho y resina del tamaño de una pelota de béisbol moderna. La algarabía del partido se escuchaba perfectamente en la gran Plaza de las Estelas, centro social y comercial de la acrópolis. El tiempo pasaba, más de dos horas de partido y ningún equipo había logrado puntuar. La excelente condición física de los jugadores se veía mermada por el cansancio, pero la expectación y las voces de ánimo continuaban. Sin embargo, los niños empezaban a aburrirse al ver el juego detenido con mayor frecuencia; no entendían la ingente cantidad de reglas y formalismos que sus mayores les explicaban. Entonces sucedió.

Juego de Pelota Maya. Fuente: https://2012profeciasmayasfindelmundo.wordpress.com/
Juego de Pelota Maya.
Fuente: https://2012profeciasmayasfindelmundo.wordpress.com/

La claridad del día se volvió opaca de repente. En el cielo se observaba un gran disco de sombra que eclipsaba al sol, y bajó y bajó restando luz al estadio también. Continuó descendiendo y la acrópolis completa quedó en la sombra. Allí donde había ruido, ahora se hacía un silencio sepulcral. Nadie entendía lo que estaba sucediendo. Algunos niños empezaron a llorar, pero no se oía una sola palabra. No había juego, la pelota yacía inerte. Según descendía aquel disco de sombra se apreciaba su color blanco. La nave se acercaba para aterrizar en los aledaños del estadio, buscando una explanada fuera de la ciudad, pues sus dimensiones no le permitían hacerlo más cerca. El silencio había dado paso a caras de horror en los espectadores, los padres trataban de calmar sin éxito a sus vástagos. Con aquel enorme objeto a escasos metros del suelo, la luz solar volvía a la ciudad pero la inquietud iba en aumento. Algunos permanecieron petrificados en sus asientos mientras otros salieron a observar lo desconocido. Aquel disco blanco tenía tres patas, ahora visibles y bien apoyadas en el suelo. Encendió varias luces extrañas, blancas y potentes que iluminaban la zona de sombra. Los curiosos que habían salido del estadio se miraban entre ellos con una mezcla entre estupor y miedo. El disco permanecía a una altura igual a la de dos hombres.

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