Hoy, Leónidas.

Uno de los espectáculos más esperados por los amantes de las lluvias de estrellas tiene lugar esta noche, del 17 al 18 de Noviembre. Es junto a las veraniegas Perseidas la más importante de la temporada. Y es visible a simple vista.

Esta lluvia de meteoros cuyo radiante se encuentra en la constelación de Leo, es consecuencia del paso de La Tierra por los restos del cometa Tempel-Tuttle. Las crónicas indican que cada 33 años se producen tormentas meteóricas que hacen que el número de estrellas fugaces se cuente por miles según los observadores. ¿Por qué cada 33 años? Es el periodo de su órbita. Es el tiempo que tarda en volver a pasar cerca del Sol, momento en que deja mayor cantidad de restos en la órbita de nuestro planeta. Tras cada paso alrededor del Sol, el cometa crea una nueva fuente de material fresco en forma de pequeñas partículas que se son vistas como esas tormentas meteóricas:

orbita-tempel-tuttle
Órbita cometa Temple-tuttle

En 1966 se pudieron contabilizar 90.000 meteoros por hora, por los restos que dejó el cometa en 1899, una de las mayores tormentas jamás vista. 33 años después, en 1999, durante un corto período de tiempo, sobre la 1 de la mañana del día 18, con un pico de 5.000 meteoros a la hora. Sorpresa en 2001 pues se registraron 1.500 meteoros por hora, aunque se esperaban entre 25.000 a 30.000. Habrá que esperar a 2032 para encontrar un fenómeno de similares proporciones.

Aún teniendo en cuenta el período de la órbita del cometa, es difícil calcular cuándo se producirá el próximo máximo. Los cometas son elementos pequeños en comparación con los planetas, lo que hace que sus órbitas se vean fuertemente afectadas por ellos, especialmente por Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Nuestro cometa pasa por las órbitas de los tres primeros planetas señalados, y el enjambre principal de los restos del cometa Tempel-Tuttle, fue desviado a más de tres millones de km de la Tierra, por lo que ahora, nuestro planeta en su movimiento alrededor del Sol, no coincidía con el enjambre principal, sino con los restos de partículas dejadas por el cometa que eran normales en número y tamaño, por eso las lluvias de 1899 y 1933, fueron también normales, aunque dentro de la normalidad, la de 1933 fue en cierta medida intensa, contándose hasta 200 meteoros por hora.

Por aquella modificación y debido a la atracción gravitatoria planetaria, ya no es fácil predecir el futuro de la lluvia de las Leónidas.

Si te quedas sin verlas esta noche puedes volver a intentarlo la madrugada del viernes al sábado, del 21 al 22 de noviembre, un poco más tarde de la medianoche. Además, esa noche merecerá mucho la pena estar pendiente del cielo: las Leónidas coincidirán con el pico máximo de otra lluvia de meteoros, las Alfa Monocerótidas. El mejor espectáculo está en el cielo.

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