Desde que somos capaces de realizar medidas, la peor tormenta solar de todos los tiempos se produjo el 2 de septiembre de 1859. Conocida como «El evento Carrington», por el astrónomo británico que lo midió, causó el colapso de las mayores redes mundiales de telégrafos. Se dice que pudieron observarse auroras boreales en zonas en la que no se habían visto nunca. Mucho se ha elucubrado y escrito acerca de las consecuencias que un evento similar podría tener en las redes eléctricas y tecnologías actuales, pero realmente se desconocen los efectos que podría tener un evento así.