Explicando los amaneceres dobles de Mercurio

Como ya hemos dicho en alguna ocasión en nuestro blog, Mercurio ha sido un planeta incomprendido a lo largo de la historia científica. Nuestro vecino planetario nos ofrece datos cada vez datos más precisos acerca de cómo van las cosas en las cercanías del Sol.

Según se le ha ido conociendo, nos ha ido desvelando los extraños fenómenos que podrían observarse en su superficie. Y el fenómeno que nos ha llamado la atención hoy son los denominados “amaneceres dobles”.

Para empezar diremos que la responsabilidad de estos amaneceres dobles se encuentra en la sintonía entre sus movimientos de rotación y traslación. De este mismo fenómeno hablamos en:

https://principiatechnologica.com/2013/07/21/por-que-la-luna-siempre-da-la-misma-cara-a-la-tierra/

A consecuencia de su interacción gravitatoria con el Sol, Mercurio tiene un periodo de rotación que es 2/3 del periodo de traslación alrededor del Sol. Su período de traslación es de 88 días terrestres, sería 1 año mercuriano. Su período de rotación son 58,7 días terrestre, lo que sería el día mercuriano, que se corresponde con 2/3 del año mercuriano. Se dice resonancia 2:3=0,66 años dura un día. Un año mercuriano transcurre en tan sólo 1 día y medio mercuriano (3/2=1,5).

Entre las extrañezas de Mercurio también se encuentra la máxima excentricidad orbital del Sistema Solar, con un valor de 0,2056. Y como todos sabemos, la segunda ley de Kepler nos indica que un planeta barre en su órbita áreas iguales en tiempos iguales. Esto implica que la velocidad real no es constante, sino que es mayor en el afelio (punto más distante de la órbita al Sol) y menor en el perihelio (punto más próximo).

¿ Y qué tiene todo esto que ver con los amaneceres dobles?

Pues bien, lanzado Mercurio en su órbita de 88 días con una velocidad lineal variable y rotando cada 59,7 días, resulta que cuatro días (terrestres) antes del perihelio, la velocidad orbital del planeta iguala a su velocidad rotacional y eso hace que el sol parezca detenerse en su cielo. Como la velocidad orbital sigue aumentando hasta el perihelio, resulta que esta llega a exceder a la rotacional con lo que el sol, que estaba inmóvil, parece retroceder. Cuatro días (terrestres) después del perihelio, por fin, la situación vuelve a la normalidad después del perihelio, con una mayor velocidad rotacional que orbital.

Entonces, en determinados puntos de su superficie, podríamos ver salir el sol y esconderse por el horizonte por el que previamente había amanecido, para después continuar su movimiento normal.

Y en otros puntos del día mercuriano podríamos ver detenerse al Sol y retroceder, para después continuar su movimiento.

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